La Sequía del Presente nos remite al pasado



No pocos especialistas y algunos memoriosos(entre los segundos me incluyo) comparan la actual sequía en curso, por su magnitud y perjuicios, con la acontecida en el periodo 1951/52) Si bien, en la actual sequía no hubo incendios que lamentar, con los ingentes perjuicios que ocasionan(Ver “El Tedinés” Nº34 y 35),un elemento común enlaza a la actual sequia con la anterior:La Tucura.



















Luego de haber transcurrido un período de más de cincuenta años, la Tucura (langosta ¡bah!,tucura es un vocablo brasileño,pero de uso comun para nombrar a la langosta en nuestro pais y Paraguay)vuelve a aparecer con fuerza en una amplia zona de la Provincia,luego de haber sido erradicada con éxito, merced a la acción firme del gobierno de entonces, muy poco valorada y/o recordada pero qué, se constituyó en una de sus obras mas relevantes y con efectos duraderos,por tratarse de la eliminación definitiva de un flagelo, una de las siete plagas de Egipto,que el campo venia soportando por décadas.Su característica reproductiva,hace que la Tucura se reproduzca con mayor facilidad en épocas de sequía y en tierras con poco laboreo,éste y las lluvias entorpecen la eclosión de los huevos y con ello el número de insectos que nace se reduce a un mínimo y como al mismo tiempo la existencia de pasto es normal su predación pasa casi desapercibida.En cambio en épocas de sequía, su reproducción hace que el número de insectos sea mucho mayor y al haber poca disponibilidad de pasto,pronto se convierte en un competidor del ganado,dejando a éste sin alimento y además, sus perjuicios se trasladan a los cultivos verdes en desarrollo.En las décadas previas a los cincuenta,la superficie mayor estaba destinada a la ganadería, por lo anteriormente señalado,esas tierras favorecían la reproducción de la tucura,a lo cual debía sumarse la carencia de insecticidas adecuados para su control y la falta de políticas gubernamentales efectivas para combatirla,con lo cual los perjuicios eran cuantiosos y con situaciones tragicómicas, tal lo acontecido en la Capital Federal, dónde a mediados de los treinta luego que el gobierno anunciara la finalización con éxito de la campaña contra la langosta migradora(insecto adulto),ésta se hace presente en una manga que se asienta e invade los espacios verdes de la Capital devorando todo a su paso,incluidos los árboles de las Plazas,entre ellas Plaza de Mayo.Por ese tiempo en los campos aledaños a Chillar ,la plaga hacia sus estragos.Desde el inicio de su nacimiento la tucura es rastrera,recien se convierte en adulta y voladora-migradora pasados los 45 dias.En ese breve periodo de tiempo su expansión es rápida y podemos hacernos una idea de la importancia de la magnitud de la plaga por el hecho que el entonces Ministerio de Agricultura,como una de las alternativas para combatirlas,pagaba un peso la bolsa de tucuras rastreras y su recolección ,en algunos sectores ,se realizaba con solo arrastrar la bolsa por el suelo y en un santiamén la misma estaba llena. La rastrera además se constituía en la pesadilla de los maquinistas del FFCC,pues la tucura en su traslación cubría buena parte de las vías, dificultando la tracción de la locomotora,en especial de los trenes de carga,por mas arena que utilizaran, el patinaje de las ruedas era permanente y ello les impedía tomar velocidad,que un tren de carga empleara mas de cuatro horas para recorrer la distancia de 20 Km. entre 16 de Julio y Chillar habla a las claras del problema que los maquinistas debían enfrentar,los trenes de pasajeros, más livianos, sufrían un poco menos no obstante sus horarios también se verían alterados.La plaga dio lugar a la aparición de soluciones ingeniosas,aunque de poca efectividad,tal fue el uso de planchas de chapa que colocadas en los alambrado impedían el paso a la tucura,sin duda un buen negocio para el autor de la idea.Otro medio,ya de uso masivo que el Ministerio de Agricultura implementó fue el sebo toxico, basado en el afrechillo impregnado en insecticida,que se esparcía por los campos,muy efectivo para combatir la tucura,tanto rastrera como voladora,tambien muy apetecible para las vacas,siendo inofensivas para ellas(eso es lo que decían),sin embargo el sabor del sebo no dejaba de aparecer en la leche que consumíamos.De todas maneras no habia disponibilidad en cantidades suficientes ni su efectividad alcanzaba para evitar los perjuicios de la langosta voladora tanto en alfalfares y/o pastizales como en maizales.Ello contribuyó a incentivar soluciones nacidas por la desesperacion e impotencia frente a los estragos de la plaga:cortinas de humo,arreo de caballos sobre los alfalfares o pastizales verdes para espantar a las voladoras o el uso de artilugios para su captura, recipientes con agua con una mampara de chapas en su parte posterior,montados sobre vehículos,que en su traslación hacia que las voladoras chocaran contra las chapas
y cayeran en el recipiente con agua,se cuentan entre otras soluciones precarias que se adoptaron,(ademas de los sebos)todo ello era como querer tapar el sol con las manos.Cuando caia una manga de langostas voladoras sobre un maizal,el espectáculo visual y sonoro era estremecedor,pues el maizal desaparecia a ojos vistas,mientras el eco del accionar simultáneo de las cientos de miles de mandíbulas triturando las plantas taladraba los oidos de quienes lo presenciaban.Con este panorama se llegó a la gran sequía del 51/52 con todas sus secuelas.Para ese entonces, nuevos insecticidas y nuevos métodos de aplicación habían aparecido.El Ministerio de Agricultura del Gobierno de Perón, pronto implementó un intensivo plan de lucha utilizando los medios aeronáuticos disponibles y ello felizmente para todos,terminó en forma exitosa con una plaga que por décadas afectó la producción del campo y la economía del país ,plaga que solo permaneció en el recuerdo de algunos,hasta que la presente sequía, con la reaparición de la tucura ,favorecida su expansion por el menor laboreo derivado de la siembra directa,nos retrotrae a esa época.

Catangos,Guardahilos,Señaleros,Cambistas,los esforzados protagonistas de la “via”



Con su cajoncito de madera a cuestas, los “Catangos” eran fácilmente identificables a la distancia , eran los trabajadores de menor rango en el mantenimiento de las vías férreas, y se constituían en el grupo mas numeroso de quienes trabajaban en la Estación de Chillar.”Catango” no es hoy una palabra muy usada o demasiada conocida,tampoco lo era entonces cuando éramos chicos, poco sabíamos de su significado, sólo que así se nominaban a los vehículos viejos o desvencijados y también a los autos y/o carritos que de niños solíamos construir-en épocas en que las alforjas de los Reyes Magos venían flacas-y que, tirandolos de un piolin correteábamos con ellos por las calles del pueblo.Mas tarde sabríamos que el vocablo también hacia referencia a un escarabajo que hace pequeñas perforaciones en la tierra .Sin duda la conjunción entre escarabajo y un vehículo desvencijado,es lo que mejor define a los “catangos”,su labor en el mantenimiento de vías tenia mucho de escarabajos, además circulaban por las vías en zorras motorizadas,que eran vehículos sumamente precarios.Temprano por las mañanas,uno a uno se dirigía a tomar servicio no sin antes pasar por la carnicería ,para surtirse del churrasquito que junto a las demás vituallas,sea para calmar el hambre o la sed ,trasportaba en su cajoncito,puesto que por lo general el almuerzo tendría lugar en medio del campo,alli donde las tareas de mantenimiento los convocaba.El punto de reunión era la Casa del Capataz, Kacsan,por entonces,cercana al paso a nivel de Sarmiento,a cuya vera podían observarse estibas de durmientes y rieles,en tanto adyacente a la casa estaban los galpones de guarda de las zorras y las herramientas.Puntualmente todos los días a las ocho en direccion,ora hacia 16 de Julio,ora hacia Tedin Uriburu partía la zorra de dos cuerpos en tandem,una con las herramientas y materiales,mientras que en la otra en dos bancos paralelos con respaldo al medio iban sentados los “catangos”,a cuyo frente iba el conductor,con el clásico banderín rojo ondeando por sobre su cabeza,para regresar a las cinco de la tarde,momento en que de niños concurríamos al paso a nivel para verlos pasar.Hombres de pico y pala,de maza de diez kilos,su tarea era pesada,realizada a la intemperie, soportando las variables contingencias
climaticas,desde el frío mas intenso al calor mas agobiante.Limpiar los drenajes,desmalezar,
repasar y/o reemplazar los clavos a golpe de maza,ajustar las uniones,inspeccionar y/o cambiar durmientes,controlar el ancho de trocha con el calibre,reemplazar algún riel,ajustar los cambios de vías, limpiar los pasos a nivel,entre otras tareas, formaban parte de su quehacer cotidiano,realizadas entre los rojos banderines,que servían de aviso a los maquinistas para que aminoraran su marcha al paso por el lugar, mientras lo catangos se hacían aun lado .En Chillar harían algo mas, construirían un desvío de varios centenares de metros, con curva incluida ,para conectar y servir al galpón de almacenamiento de cereales que la Cooperativa Agraria había levantado, calle por medio, en el lado posterior a la Estación.Otros personajes recorrerían las vias,el Guardahilo,solitario en su motorizada zorra,con la escalera y la pértiga a cuestas, inspeccionaba los cables (hilos) de las lineas telefonica y telegráfica, principalmente ,los aisladores,que solian ser blanco de cazadores furtivos o de las hondas de los chicos,escalera en mano subía a reemplazarlos,no pocas veces debia desmontar algún nido de hornero edificado en algún lugar no apropiado,para ello hacia uso de la pértiga, herramienta destinada primariamente a desenredar los hilos,como complemento no podía dejar de llevar un manipulador y un telefono portatil para verificar las líneas telegráfica y telefonica respectivamente en caso de corte.
Entre los de Estación, no puede dejarse de mencionar al Señalero,amen de operar las señales,a la caída del sol con su zorra manual de dirigía hacia las señales de ingreso a la Estación ubicadas en ambos extremos,alli ascendia hasta el tope para colocar el farol que facilitara su visibilidad ,en una epoca en que los trenes circulaban en horario nocturno,por la mañana repetiria su tarea retirándolos para preparlos y tenerlos listos para la noche siguiente.Y por último, el Cambista,colgado de una mano del ultimo vagón de carga participaba activamente en las maniobras para ordenar los vagones,traccionados por una locomotora de vapor, separando los que quedarían en la estación de los que partirian con el convoy, haciendo señas con su mano libre, enganchando y desenganchando vagones,bajarse corriendo y hacer el cambio de vías, para que luego el maquinista diera el empujón a uno o dos vagones, volver a subirse para realizar una nueva maniobra en otro sector de la Estacion,asi hasta la partida del tren de carga,que por esa epoca circulaban con asiduidad y el Cambista tenia poco tiempo para estar de brazos cruzados.Hoy la Estacion luce solitaria y silenciosa,el sonido del ir y venir de la locomotora con su caracteristico resoplido y su estridente silbato,el estruendo del chocar de los vagones,se propagaban y eran audibles en todo el ámbito de la localidad,hoy solo presente en el desván de los recuerdos.- Don Juan Víctor Tournie,”Catango” por vocacion,protagonista de esta reseña,lo recordamos y homenajeamos,junto a quienes fueron sus compañeros de esa epoca.-


 La zorras y los Catangos listos a partir 
                                              

Tanque australiano como refugio contra incendio



Taciturno,solitario,Don Mariano que andaba por los sesenta,pasaba sus días en su campo por los pagos de Durañona,abocado a la atención de sus vaquitas y ovejas que pastaban entre cardales y abrojales que poblaban la mayor parte de sus quinientas hectáreas.
Se contaba que luego de la recorrida matinal,
Don Mariano,se sentaba bajo el alero de su tapera,luego se sacarse las alpargatas y subirse un poco las perneras de su bombacha campera, con su infaltable facon que permanentemente llevaba en la parte posterior de su cintura, procedía a despinarse sus piernas.
La tapera, apenas poco mas que un rancho ,paredes de ladrillo sin revocar,techo de chapa a dos aguas,con un alero que cubría el frente de sus tres habitaciones,una de ellas era la cocina,en su interior en un rincón,una llanta de un camión internacional, hacia de fogón, allí estaba el asador, qué también servia para colgar la olla para hacer el pucherito,mientras que un hierro atravesado servia para apoyar la pava , una precaria campana y chimenea contribuían a sacar el humo hacia el exterior .La cocina era el centro de reunión en la época de esquila,donde los esquiladores,sentados sobre un largo tronco compartian el mate cimarrón, mientras se iba haciendo el asadito nocturno ,de tanto en tanto la orden,¡arriba,che! levántense que tenemos que correr el tronco,que era asiento y leña al mismo tiempo.
En el centro cuatro postes clavados en la tierra enlazados por otros que hacían de travesaños,conformaban una precaria mesa,en cuyos extremos,pendia un trozo de arpillera,que obraba de servilleta.En un rincón una alacena,la “rinconera”,a su lado la bolsa con la provision mensual de galleta de “piso”.
Sobre una pared un candil tenuemente complementaba la iluminación propia del fogón, de manera que los desaliñados rostros adquirian una vision casi fantasmagorica.El asado se compartía de pie,no había otros asientos,salvo la cabeza de vaca del “patron”,más complicado era el día que había puchero,cada uno con su cuchara tomando la sopa directamente de la olla y pescando algún trozo de carne, papa y zapallo ,mientras en el umbral de la puerta dos o tres perros esperaban por las sobras.
La tapera era complementada por un galpón, qué servia para guardar los cueros,la lana, hacía de dormitorio de los esquiladores y de garaje del Ford A descapotable,que Don Mariano una vez al mes utilizaba para acercarse hasta Chillar,para comprar los vicios y vender algunas vaquitas y/o solicitarle al barraquero que pasara a retirar cueros y lanas.
A metros del galpón el molino con su tanque australiano y pegadito los corrales, para las vaquitas. ovejas y algunos caballos,entre ellos el de montar que Don Mariano utilizaba en sus recorridas,con sus bebederos internos y externos,y un poco mas allá la pileta bajo nivel para bañar a las ovejas,completaban el paisaje dos eucaliptos y un sauce llorón próximos a la tapera y la doble fila de eucaliptos y acacias (aromos) que llegaban hasta la tranquera de entrada.
En ese páramo transcurría su vida Don Mariano,salvo en periodos de esquila, vivía con la sola compañía de sus fieles perros.Solo se conectaba con el mundo exterior cuando se hacia la escapadita a Chillar, dónde adquiría algunos periódicos que lo ponían al tanto de lo que ocurría en el país y en el mundo.
Habia despuntado la década del cincuenta y el panorama se iba complicando,las lluvias cada vez mas escasas iba disminuyendo las pasturas.
Un ocasional visitante al observar al lado del galpón, una guadañadora y un rastrillo,alguna vez utlizados para recolectar la alfalfa,que Don Mariano,en épocas pasadas había sembrado en uno de los cuadros,le dijo,”Don Mariano,tiene las máquinas, tiene los caballos,con poco,puede cortar el pasto que hoy tiene y guardarlo para mas adelante,ademas desmalezar el patio,es fácil”,si,si es fácil,¡pero hay que hacerlo! Y ahí quedo,mientras los cardales rodeaban la tapera y las lluvias eran cada vez mas espaciadas.
Un periodo extenso de sequías pocas veces visto, llegó para afectar buena parte de la provincia ,dando mayor fuerza a una de las tantas crisis económicas, puesto que la sequía haría fracasar la cosecha y obligado al gobierno a tomar medidas para hacer que las escasas reservas de harina sean complementadas con salvado de trigo(carocillo ¡bah!),con lo cual se hubo de comer pan negro por bastante tiempo.
Ello también afecto a la ganadería y Don Manuel no escaparía a esa situación, para entonces ya había liquidado la mayor parte de las ovejas y reducido el numero de vacunos.
Por si fuera poco esa sequía dio lugar a frecuentes incendios de campos,que las malas lenguas,adjudicaban intencionalidad al Gobernador Aloé (sucesor de Mercante),algo que se demostró no tenia fundamento,si bien muchos incendios fueron localizados y controlados,uno de ellos adquirió gran magnitud y todos los esfuerzos destinados a controlarlo y/o detenerlo resultaron vanos, iniciado en el partido de Coronel Suárez, merced a los fuertes vientos en pocos días se propagó a otros partidos,atravesando rutas,arroyos,contrafuegos etc,asi paso por Cnel Pringles,Lamadrid,Laprida,parte de Olavaria e ingresando a los partidos de Azul y Juárez, antes que una providencial lluvia terminara por extinguirlo,no sin antes haber provocado considerables daños afectando a personas instalaciones,alambradas y a la hacienda que no pudo ser retirada a tiempo y a la vida animal silvestre.
El campo de Don Mariano,se interpuso en su camino, si bien tenia algunas noticias,éstas eran contradictorias en cuanto al avance del fuego,cuya dirección cambiaba según los caprichos del viento,como resultado de ello pronto su propiedad ,de la cual había retirado la mayor parte de la hacienda quedó rodeada por el fuego,sin muchas posibilidades de escapatoria, todavía lejos de la tapera,pero se acercaba irremisiblemente a ella, sólo un milagro o alguna lluvia oportuna podría detenerlo,cosa que no ocurrió y Don Mariano debió recurrir al abrigo del tanque australiano,sumergiendo la mayor parte del cuerpo,mientras cubría su cabeza,nariz y boca con una trapo mojado,para hacer respirable el aire convertido en densa humareda,y sustraerse al calor de las llamas, dándole respiro a Don Mariano,que así pudo sortear la situación, algo que otros en similar situación lamentablemente no lo habían logrado pagando con sus vidas.
Por suerte para el,ese día los vientos eran muy fuertes,eso provoco el rápido avance de las llamas y el humo que en poco tiempo dejaron atrás el lugar , afectando el galpón con el Ford A incluido, pero dejando la tapera a salvo y un sector del campo donde se habían refugiado los animales.


El incendio(enero de 1953) llegó hasta las vecindades de Chillar y a las puertas de La Rueda y el Monte San Antonio,en Juarez,cuyo Intendente había declarado la Emergencia,en las primeras horas de la noche,con el resplandor del fuego en el horizonte,el transito entre Juárez y La Rueda era incesante,unos iban y otros venian,todos a curiosear para ver por donde andaba el fuego.
En Chillar,todos se fueron a dormir con el resplandor detrás de la loma, en la madrugada los truenos y refusilos,anunciaban la llegada de una tormenta,que al contrario de otras pasajeras, ésta descargo una lluvia no muy copiosa pero lo suficiente como para acabar con uno de los incendios mas grandes que se tenga memoria,algo que perduraría en el recuerdo como también el acto protagonizado por Don Mariano.-

"LA DESPENSA":Un establecimiento comercial sin igual en la Provincia







1930 es un año de Crisis profunda.Crisis que erosiona los cimientos de nuestra economía y afecta gravemente a vastos sectores de la Sociedad con sus secuelas de desocupación y miseria.Persistira en la memoria de los contemporáneos y en la historia como “la crisis de los años treinta”.El derrumbe de la Bolsa de Nueva York,un año antes, le daría origen expandiéndose a todo el mundo capitalista,Argentina es parte de ese mundo, qué ese año le suma su crisis política que da lugar al primer golpe de Estado del Siglo XX que termina con el Gobierno de Yrigoyen.Las secuelas como eran de esperar llegan hasta Chillar,un pequeño y prospero pueblo,en el cual sobresale majestuosamente la Iglesia del Sagrado Corazón, con no muchas edificaciones en derredor y dispersos,un numero importante son los típicos ranchos de paredes blanquecinas de “chorizos de barro y paja”pintadas a la cal y techos de cinc a dos aguas,con y sin galerias,algunas con techo de paja,todas con el piso interior de tierra compactada.Las calles son de tierra,que en días de lluvia se tornan,poco menos que intransitables (el entoscado y asfaltado recien se hará realidad hacia el fin de la decada) y la Plaza ,rudimentaria, lucia su alambrado perimetral para evitar la depredación de los animales que deambulan libremente por sus calles.La Estación de FFCC y sus aledaños,albergan una mayor concurrencia de lo habitual,ya no son los típicos “linyeras” los que la merodean,a ello se suman los “crottos”,que no son otros que desocupados que deambulan recorriendo todo el país, en busca de trabajo,cada vez mas escaso.Asi como muchos de ellos se acercan a Chillar,no son pocos los chillarenses que se alejan por el mismo motivo recorriendo el camino inverso.La Estación ve llegar y partir trenes de carga cuyos vagones tienen cubiertos sus techos por decenas y decenas de “crottos” con su correspondiente equipaje que así viajan gratis por disposición del Gobernador Crotto,(de el deriva el nombre genérico de “crotto”,que luego se haría extensivo a los linyeras)mientras los trenes de pasajeros circulan vacios.No pocas veces se originan trifulcas entre los que llegan y la policía, pues ésta muchas veces trata de impedir la llegada de forasteros,que no pocas veces eran protagonistas de raterías o desordenes.Ese panorama de crisis se extiende por un tiempo hasta que las autoridades toman cartas en el asunto y como una forma de dar trabajo promueven la obra pública, de esta manera Chillar se ve favorecido por las obras del FFCC y la construcción de edificios públicos, como la Delegación, el Matadero y la Escuela Nª 8,ello reaviva la economía del pueblo que poco a poco recupera la prosperidad creciente de los años previos y obra como incentivo a la actividad privada.Es así como Don Antonio Flecha,español ,natural de Leon,que ya habia estado en la campaña adyacente a Chillar entre 1906 y 1921,para luego ponerse  al frente del Restaurant "Las Palmas" en el frigorifico del mismo nombre ,en 1925,con  motivo de  su cierre  adiciona al Restaurante,un Almacen y otros ramos,hasta que en julio de 1931 decide regresar a Chillar para invertir su capital y construir un edificio moderno,imponente para su época, un gran Salón vidriado y vivienda anexa(hoy Pérez Hogar)en cual inicia su doble actividad comercial,en los primeros días de 1932.Una como Agencia petrolera y la otra en el rubro comestibles.Por entonces eran muchas las bocas de expendio de combustible(nafta y kerosene),podía decirse que cada negocio mediano o grande tenia su surtidor al frente.Texaco,West India,Shell,Esso eran las marcas habituales,a los cuales Flecha,le suma la representación de la entonces creciente Empresa Estatal YPF,creada pocos años antes.El surtidor ubicado a su frente luce los colores de nuestra bandera,se trata de un surtidor unico,accionado como todos los de su época manualmente por una bomba reloj,pero se diferencia del resto,por que tiene en la parte superior un recipiente único de unos ochenta litros de capacidad,hacia allí debía bombearse la cantidad de nafta solicitada,luego de lo cual se accionaba una palanca y recién allí el combustible se dirigía hacia el tanque del vehículo.En mas de una oportunidad el tradicional almanaque de fin de año tuvo la forma del surtidor,en el cual el lugar reservado para los contadores de litros de nafta,estaban destinados a los meses y dias.Como los camiones tanques casi no existian,tanto la nafta (como otros combustibles) llegaban en tambores,los clásicos “barriles” gris metálico, cuyo contenido era derivado al tanque subterráneo mediante una manguera y el “sifón” natural generado.La segunda actividad,los comestibles,es lo que le da el nombre al negocio,el cual ofrecia todos los productos que años atrás eran guardados en la “despensa” de la casa,vocablo que además el repartidor usaba voceándolo en vos alta para anunciarse en las casas a las cuales llegaba con el Triciclo de cajón delantero.Nació con un equipamiento moderno para la época, dónde la mayoría de los productos de mayor consumo venían a granel,un largo mostrador exhibía a su frente los distintos tipos de fideos que estaban contenidos en cajones,la clásica tarima para las bordalesas,las altas estanterías que contenían en su base los recipientes para otros productos a granel como el azúcar, el arroz o la yerba,los exhibidores de la bomboneria y carameleria,estos con su clásica bolsita de cal viva,las estanterías exhibidoras de bebidas,las vitrinas y campanas de cristal para quesos y dulces,la primera heladera horizontal exhibidora,una cortadora de fiambre con autoafilado,la moledora de café y la clásica Caja registradora National, lo completaban.”La Despensa” se caraterizaba por la variedad y calidad de su productos,pero sobre todo,lo que mas resaltaba era el orden y la pulcritud,una imagen poco habitual que llevaba de decir a mas de un viajante,en los años cincuenta,”mire, no hay mas de dos negocios como este en toda la provincia”,un cumplido que no nacía de la casualidad.La apertura ,a tempranas horas del dia,encontraba a Don Antonio y su esposa Doña Coronada,compartiendo los mates que Juanita ,casi un miembro de la familia les acercaba, ambos con lentes bifocales,Don Antonio luciendo su clásica chaqueta ora celeste ora beige y Doña Coronada con su clásico delantal y su habitual balde con agua jabonosa,presta a lavar exhibidores,campanas,mostrador ,balanza cortadora de fiambre etc,luego el piso,rutina diaria que se cumplía a rajatabla,la pulcritud y el orden eran lo primordial,como también la presentación y empaquetado de la mercadería solicitada,en un ambiente impregnado por la claridad y el aroma a café recién molido, todo ello lo convertían en un negocio único y efectivamente atendido por su propios dueños Don Antonio y Doña Coronada.(x)


Había sido uno de los primeros usuarios del servicio telefónico de la entonces Unión Telefónica, recibiendo el Numero 9,cuando los teléfonos eran a magneto y debía accionarse la manivela para llamar a la central y pedir la comunicación a la operadora.Era habitual escuchar el “Ya vaa” de Doña Coronada cuando el teléfono sonaba.como si el mismo dispusiera de oídos que pudieran escucharla.Además, Don Antonio prestaba otra clase servicios,que muestra la integridad de las personas de una época ida, sí bien ya existía un Banco,muchos lo esquivaban, preferían confiar su valores a terceros.Era habitual en los días de remates feria,por entonces los días 14 y 22 de cada mes, que la gente de campo luego de haber vendido su hacienda,se apersonara con un bollo de billetes y dijera “Don Antonio ¿me lo guarda?”,Don Antonio tomaba el bollo de billetes lo envolvía con papel blanco de envolver ,le ponía el nombre y lo colocaba en su caja fuerte.Tiempo después, el propietario venia a retirarlo y Don Antonio,se lo entregaba y el propietario ,luego de dar las gracias se retiraba.Nadie había contado nada ,ni antes ni después,tal la confianza mutua.Asi era Don Antonio y La Despensa,un negocio que fue parte de una época de la historia pasada de Chillar,que siendo adolescente,por unos pocos años, he compartido y vivido.-
(x) Acompañaria a los nombrados el hijo de ambos ,Teodoro( el"Negro") y en los años precedentes a su cierre estaban al frente del negocio sus hijos, nietos de los fundadores.-

El maquinista que abandono el tren en Chillar




Que un maquinista abandone un tren de pasajeros es una noticia que Rippley el creador de la famosa serie “Crease o no”,hubiese atesorado en su colección de notas insólitas de haber tomado conocimiento.A todas luces, fue un hecho insólito e incomprensible,tanto para los pasajeros que fueron los afectados directos, como para el jefe de Estación que tuvo que dar respuestas sin tenerlas y además, arbitrar soluciones.El hecho ocurrió a mediados de los 40,época en que, quién pronto asumiría los destinos de la Republica, desde su puesto al frente de la Secretaria de Trabajo y Previsión ponía en vigencia leyes que contemplaban nuevos derechos para los trabajadores, qué en algún caso distendió un poco la disciplina laboral,merced a alguna interpretación muy particular de los reglamentos;además,ya se estaba perfilando el futuro de los FFCC que pronto pasarían a la órbita estatal.Dos veces a la semana,martes y jueves,un tren de pasajeros y encomiendas hacía el recorrido de Azul hacia Tres Arroyos,con regreso al día siguiente.Ese jueves luego de partir de Azul y recalar en las estaciones intermedias,de Lazzarino,Arroyo de los Huesos,Pablo Acosta y Martín Fierro,ésta si duda,la mas importante por su proximidad a la Estancia San Ramón de Anchorena,con rápidas detenciones en las tres primeras, un poco mas larga en la última y luego de recorrer el ondulado paisaje de las estribaciones serranas,se produce la llegada a Chillar, aquí la detención es mas prolongada,hay mayor movimiento de pasajeros y encomiendas y además la locomotora debe “tomar agua”,hacia allá de dirige,al completar la carga,el retroceso de la locomotora,lo hace por la vía paralela, para hacerlo el cambista debería haber conocido sus intenciones y facilitar la maniobra.En el andén muchos se preguntan ,”¿y éste? ¿qué hace?”,hasta ahí,nada hacia presagiar el inesperado final, podría ser que hubiese algún inconveniente en el enganche y el maquinista decidiera ponerse detrás del ultimo vagón, para que la locomotora empuje,no era algo común, pero tampoco una rareza,sin embargo segundos después la locomotora toma la vía principal,acelera y a toda velocidad,marcha atrás ,desanda el camino que momentos antes había recorrido.Los murmullos se acrecientan y poco a poco,se transforman en voces que se elevan y los reclamos con su carga de indignación no se hacen esperar,ahí esta el jefe de Estación para hacerles frente e informar,que el maquinista había cumplido con su horario y por eso había regresado a su lugar de asiento: Martín Fierro. Luego de una larga espera de mas de tres horas , tras el aviso a la superioridad por parte del jefe de estación sobre el problema planteado otra locomotora,proveniente de Azul, se engancha y ya en plena noche,el convoy reinicia su camino hacia el destino final previsto:Tres Arroyos.¿Fin de horario?.Al fin de cuentas,sí fué un problema de horario,era un día jueves y como tal en esos tiempos día de cita.Parece ser que en Martín Fierro, residía una joven y bella morocha,que había calado hondo en su corazón y ella,sin duda, fue la causa motora que llevo al maquinista a preferir ir a su encuentro aunque ello importara dejar varado un tren y hacerse acreedor a una dura sanción.No hubo mayores noticias sobre su posterior destino,pero el hecho seria comentario obligado, por mucho tiempo, entre los vecinos de Chillar.-