Delegacion Municipal-Obra del Arq.Francisco Salamone(1938)

¿DE QUE POBREZA SE HABLA?


No eran épocas de abundancia, más bien de escasez   pero lo poco que teníamos lo sentimos como lo mejor, sin lamentos y sin envidiar a quienes tenían más que nosotros. Desde chicos supimos del inmenso sacrificio que hicieron nuestros viejos para poder "parar la olla".
Apenas comenzada la década del 40 dejamos la casita alquilada, para disfrutar de una casita de material muy humilde, construida sobre un lote comprado con los pesos trabajosamente ahorrados por mi madre,que mi padre,albañil él, con la  ayuda de ella  ,que era quien preparaba la mezcla y le alcanzaba los baldes sobre el andamio,  levantaron ladrillo sobre ladrillo. (Primer casa edificada sobre Sarmiento entre 9 de Julio y De Paula)
Cocina Modelo 1940
Allí aprendimos  a madrugar sin rezongos, con alegría. A luchar cada minuto de cada día, estudiando, trabajando la tierra de nuestro solar con esfuerzo, sudor y amor, a pala de punta ,azada  y rastrillo. A disfrutar de la naturaleza, del canto libre de los pájaros, del color y del aroma de las flores, del sabor de una fruta, una verdura u hortaliza recién cosechada de la planta que vimos  crecer desde la semilla, de paladear  el sabor de un tomate con gusto a tomate por haber madurado en su sitio natural. Pudimos ayudar al pollito a romper el cascarón que lo traía a la vida y alimentar al chanchito para el próximo invierno.
¡Y qué confort que teníamos! ¿Aire acondicionado? ¡Claro que sí! En verano, la sombra de los  árboles durante el día o la bendición de una fresca brisa por las noches. En invierno, la cocina económica  a fondo,
o la “carucita”  que oficiaba de estufa o  secarropas  y alternativamente con el “Primus”  que era la  cocina portátil cuando el clima era templado y el gas algo impensado.
El Primus
 Alumbrados por la lámpara de kerosene o el candil (porque no teníamos luz eléctrica) ¿Heladera? Por supuesto que sí.El agua fresca del pozo para refrescar las bebidas y la  leche y la fiambrera colgada del árbol más cercano para la carne o el pollo recién pelado. ¿Vigilancia privada? No hacía falta,  solíamos tener  a uno sin uniforme, nuestro mejor amigo, que solo se conformaba con  casa y comida, estaba de servicio las 24 horas y jamás reclamó nada ni faltó a sus tareas. ¿Shopping y tarjeta de crédito? Por supuesto no podía faltar, pero antes en los pueblos de campaña tenía un nombre más criollo, el "Almacén de ramos generales" o “La Despensa” y el crédito no era de plástico, era de palabra, sin firmas, sin garantías, a lo sumo la libretita negra.
¿Televisión? Ni siquiera una radio, eso si, las noticias llegaban con “La Prensa” que ibamos a buscar diariamente a la hora en que llegaba el tren y que nos sirvió para que aprendiéramos a leer gracias a que nuestro papá nos hacia participe de su lectura  apenas llegado de  sus ocupaciones diarias.
¿Computadora, Internet? El “Billiken” y excepcionalmente alguna Enciclopedia, pero sobre todo la sapiencia y el amor de nuestras maestras.
En casa  consumíamos verduras y hortalizas de producción propia  que ahora se llaman orgánicas y que por ello son más caras.Las pastas, caseras por supuesto, que  hábilmente surgían de las hábiles manos de nuestra mamá, lo mismo que las tortas, empanadas de cada fin de semana o el pan casero.También huevos caseros, pollos y cerdos  criados con alimentos naturales.El mate cocido o la “cascarilla” con leche recién ordeñada o sea directa del productor al consumidor conformaban nuestro  desayuno o merienda.Practicábamos todos nuestros juegos al aire libre,donde respirabamos aires del mejor,en la mayoria de los casos lo haciamos con juguetes de nuestra propia manufactura . Todo ello nos dejó claras  enseñanzas de la vida que  nos posibilitó  a arreglarnos y a disfrutar de  lo que poseiamos,muy  lejos de las ambiciones desmedidas o de añorar cosas imposibles¡Qué hermosa, qué feliz, qué digna fue nuestra pobreza!.